El tema ya ha sido anunciado y es prácticamente una tesis:
ya es hora de que tengamos una educación para el desarrollo humano. Conlleva
también la convicción implícita de que sin una educación para el desarrollo
humano, difícilmente llegaremos a tener una sociedad mejor. (Naranjo,
2013)
Porque si hemos de tener una educación orientada al
desarrollo humano, deberemos pasar del monopolio del intelecto a una pedagogía
muy económica en lo tocante a teoría; una educación muy cuidadosa de evitar la
redundancia, que se apoye en lo posible en los ordenadores o en lo audiovisual
para no desperdiciar a los maestros encomendándoles, como hoy se hace, una
función casi mecánica. (Naranjo, 2013)
Magnífica concepción, en verdad –que trasluce la intuición
de que la educación se hace a través de un contagio personal de sabiduría y
amor en parte espontáneo. En la práctica, sin embargo, sólo quien encarna los
valores sabe aprovechar las circunstancias para inculcarlos; y para llegar a
encarnarlos no basta esa combinación de instrucción y sermón que se llama
“educación de los valores.” (Naranjo, 2013)
Naranjo, C.
(2013). Cambiar la educación para cambiar el mundo. Providencia: ñuñoa,
Indigo .
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